La necesaria personación en los procedimientos de impugnación de oposiciones.

Cuando un procedimiento/proceso de adjudicación de plaza de funcionario, ya sea interino o de carrera, es objeto de impugnación por parte de uno de los postulantes que no la ha obtenido, personarse para defender la posición propia es preceptivo, máxime, evidentemente, si quien lo hace (quien impugna) es el siguiente a quien obtuvo la última posición. No hacerlo tiene una clara consecuencia, como lo es la de que no se tenga el control de lo que está sucediendo, de lo que se está argumentando, y en consecuencia que la carrera profesional de uno, tras haberse ingresado en la Administración como funcionario interino o de carrera, esté en peligro (ello es especialmente complejo cuando lo que se recurre son contestaciones dadas a preguntas tipo test aunque las preguntas subjetivas también tienen sus implicaciones, de carácter más jurisprudencial en este caso). De hecho, y en este orden de cosas, nos preguntan mucho qué consecuencias puede tener el que la obtención de la plaza de uno sea recurrida, y no podemos siempre más que contestar lo mismo; que ello depende de lo que haya solicitado el recurrente en su demanda (que no puede verse hasta que se produce la personación a la que nos referimos), si bien, y por razones obvias, cursar un procedimiento administrativo y posteriormente contencioso-administrativo para no pedir que “sequite a uno para que me pongan a mí” no tiene mucho sentido (hay otras vías para defender en todo caso la posición propia pero resulta evidente que el suplico principal por lo general suele ser éste).

Así las cosas, la personación en el procedimiento para conseguir que lo que la Administración decidió en su momento se consolide, es decir, que nuestra plaza de funcionario interino o de carrera siga siendo nuestra plaza y que nadie más la ocupe tras una decisión judicial, es la única manera de actuar de manera proactiva y diligente. No obstante, en muchas ocasiones, y aunque resulte difícil de entender o comprender, la personación para argumentar lo que a nuestro derecho convenga no siempre es fácil aunque debería serlo. En ocasiones como decimos, y por razones que, insistimos, no son fácilmente entendibles, los jueces cometen el error de no apercibir a las Administraciones de la incorrección que supone el hecho de no comunicar a aquellos cuya plaza se desafía que pueden personarse en el procedimiento si así lo estiman como partes más que interesadas por razones obvias. En otros términos, si una plaza de funcionario interino o de carrera está siendo objeto de impugnación, la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa exige que aquellos cuya plaza está en peligro (aquellos a los que se quiere remover de su posición de funcionario para que dicha posición la ostente el demandante) sean notificados de esta circunstancia para que si así lo deseanactúen como coadyuvantes de la propia Administración en el proceso judicial que se ha interpuesto.De no ocurrir lo que acabamos de decir lo normal es que las actuaciones (casi con total seguridad) devengan nulas (o al menos objeto de subsanación), es decir, que deba volver a empezarse el procedimiento (retroacción de las propias actuaciones)como mínimodesde el momento en el que no se notificó correcta y oportunamente la interposición de la demanda.

En muchas ocasiones son los abogados demandantes los que siendo conscientes de que la notificación de la demanda no se ha producido en la persona de los posibles interesados (los que ya son funcionarios interinos o de carrera tras no pocos esfuerzos), no aperciben al tribunal de que ello es así, haciéndole un flaco favor a su cliente, porque la consecuencia de ello, insistimos, no es que haya menos oposición en lo que a la demanda se refiere (que puede que sea lo que erróneamente se pretenda desde un principio), sino que todo (la emisión de la sentencia judicial) se retrase mucho con el claro y nítido perjuicio que ello le acarrea a un cliente que, y como no puede ser más lógico, quiere una respuesta con respecto a su casuística lo más rápida posible (además de favorable claro está). Así las cosas, y en general, en términos meramente estadísticos resulta muy difícil que el resultado final de una oposición realizada para ingresar en la Administración mediante la plaza funcionarial que corresponda (interino o de carrera y al margen de las figuras de las listas y las bolsas de trabajo) no acabe en una impugnación por parte de quien ha estado apunto de obtener plazo y no lo ha hecho, y ello exige una respuesta por parte de quién sí ha sido agraciado (que sí se ha ganado para ser más exactos) con la ansiada plaza.

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